El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. (Mc 4)

Hoy el evangelio nos habla de semillas… compartimos este entrañable vídeo que nos deja una enseñanza: “Nunca sabrás el alcance de tus obras, nunca sabrás la capacidad de las semillas que siembras pero no pienses en ello, simplemente siembra y siéntete feliz por ello”

Nos evoca a las palabras del Papa Francisco:

“Quizás el Señor toma nuestra entrega para derramar bendiciones en otro lugar del mundo donde nosotros nunca iremos. El Espíritu Santo obra como quiere, cuando quiere y donde quiere; nosotros nos entregamos pero sin pretender ver resultados llamativos. Sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria. Aprendamos a descansar en la ternura de los brazos del Padre en medio de la entrega creativa y generosa. Sigamos adelante, démoslo todo, pero dejemos que sea Él quien haga fecundos nuestros esfuerzos como a Él le parezca” (EG, 279)

 

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