Evangelio del día (Jn 6, 30-35)

«Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

En las Acta Martyrum tenemos una impresionante narración del interrogatorio sufrido por Saturnino, Dativo y otros en la colonia romana de Abitina, en África, cerca del Túnez actual, durante la persecución de Diocleciano (304), que los condujo al martirio.
“¿En tu casa habéis tenido reuniones contra el decreto de los emperadores? Emérito, lleno de Espíritu Santo dijo: “ En mi casa hemos celebrado la eucaristía dominical” Y aquel: ¿Por qué permitiste entrar a ellos? Replicó: “Porque son mis hermanos y no habría podido impedirlo”. “Sin embargo -insistió el procónsul- tú tenías el deber de impedirlo”. Y él: “No habría podido porque nosotros cristianos no podemos estar sin la eucaristía dominical

Hoy ante tantos hermanos nuestros que sufren el martirio estas palabras tienen un eco especial y nos invitan a vivir cada Eucaristía con una especial intensidad y hacer de Él el único alimento que fortalece nuestra fe.

Oración:
Esperaré, Señor, esperaré a que Tú decidas darme tu alimento. No me iré a buscarlo por mi cuenta, porque mi alimento es perecedero, no acaba con mi hambre y no me deja satisfecho. Volveré a sentir hambre; volveré a caminar para buscar y saciar mi hambre. Por eso, mi Señor, no me muevo delante de tu presencia. No importa lo que tarde. Esperaré a que Tú decidas repartir tu valioso Pan. Ese Pan que salta hasta la vida eterna. Ese alimento que me llenará por completo y que nunca más volveré a tener hambre y sed. No me voy, Señor, seguiré esperando hasta que Tú quieras que espere. Porque sé que Tú eres mi amigo, sabes de mis penas y deseos. Descubres mi cansancio y adivinas mi sed y hambre por alimentarme. Pero un alimento que me sacie eternamente y que me lleve a contemplarte eternamente. ¡No, Señor!, yo no me muevo de tu presencia. Seguiré expectante, vigilante, atento y presto a comer de tu Pan. Ese Pan que sé que me dará la vida eterna.

(Oración tomada de: http://unrinconparaorar.blogspot.com.es/2013/06/quiero-vivir-alimentado-de-ti.HTML)

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